Llevamos unos meses de 2022 y la situación no es muy diferente a la del 2020 en el terreno de las videoconsolas de nueva generación: cuesta horrores conseguir una PlayStation 5 o una Xbox Series X. Curiosamente, la Xbox Series S, que es la más económica de todas, no tiene problemas de abastecimiento y se puede adquirir por menos de 300 euros, con ofertas bastante recurrentes que ponen los dientes largos. Su problema es que no goza de la potencia de las dos ya mencionadas ni de contar con lector de discos, lo que disuade a los coleccionistas y usuarios que prefieren este formato.

Con la crisis que llevamos arrastrando en la que también resulta muy costoso comprar una tarjeta gráfica relativamente reciente, los servicios de videojuegos en streaming como Stadia o Geforce Now lo tenían todo para triunfar, pero no lo han conseguido. En el caso de Stadia, por la falta de títulos AAA y la pobre estrategia de marketing de Google. En el de GeForce NOW, porque hay que pagar una cuota mensual obligatoria (con la modalidad gratuita te tragas unas colas que dan miedo y la sesión de juego está limitada a una hora) y muchas compañías se niegan a hacer sus juegos compatibles con ella, porque prefieren que los usuarios paguen por el mismo juegos dos veces.

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